
Ernesto Guevara, con apreciable capacidad de síntesis, vaticinó: “Llegará el día en que la diferencia entre un negro y un blanco va a ser que uno es negro y otro blanco”. En Cuba, este adagio se cumplió. En ese país, tan carente de contrastes socioeconómicos, las familias hacen gala de una diversidad racial-fisonómica sui generis. El melting pot, que demagógicamente presumen los estadunidenses, es una realidad inobjetable en Cuba. Allí no existen los barrios de negros, hispanos, asiáticos, árabes, europeos, segregados socioespacialmente, como sí ocurre en Estados Unidos e incluso en los países pertenecientes a la Unión Europea. A contracorriente con los países de la América del Sur, e incluso con la Unión Americana, los negros en Cuba están libres de determinaciones sociales destructivas: se sabe que más del 80% de los delitos comunes (aunque francamente poco frecuentes) los cometen los blancos. La affirmative action, política estadunidense que más que solucionar el problema del racismo reafirma la incapacidad para resolverlo, es redundante e inútil en un país –acaso el único– que ha abolido efectivamente el racismo.
En lo que concierne a la igualdad de género, en Cuba las mujeres dominan en los ámbitos académico y profesional. En todo caso, la cuota de género podría aplicársele a los hombres, no a las mujeres, quienes visiblemente desempeñan las profesiones que demandan más responsabilidad. El feminismo en Cuba es un anacronismo: la emancipación de la mujer frente al dominio del hombre no es más un anhelo, es una realidad.
En “Escuela del Mundo al Revés”, Eduardo Galeano escribe: “La economía latinoamericana es una economía esclavista que se hace la posmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos, y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficacia”. En el México actual, adscrito devotamente al modelo económico que describe el escritor uruguayo, flagelado por la violencia que engendra esta economía, parece atinado recordarle a los dirigentes, tan enemistados con la política de la isla, que el país más seguro, libre de violencia, en la América continental es Cuba. Alguna vez me comentó un cubano: “Lo mejor de mi país, es que lo puedo recorrer a pie, a cualquier hora del día, sin temor a que me agreda nadie”.
1 comentario:
¡Excelente artículo!
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